Todos los fotógrafos tienen sus fotos preferidas. Las preferencias son influenciadas por los sentimientos ...positivos y negativos... que tiene el fotógrafo hacia el sujeto fotografiado.

Se nota que he omitido las fotos de dos de los toreros del Club de los 100, ya que les considero a ellos y a su toreo odiosos.

Aquí está la mejor foto, la más perfecta, que jamás he sacado:
José Tomás, Santo Tomás. Los que lo seguíamos nos llamábamos con orgullo “Tomasitos”.

Esta foto la tomé en Almería, la Plaza de Toros más bonita de España. Este pase se llama “trincherilla”. El torero consigue que el toro gire bruscamente por delante de él, demostrando su dominio total.

 

 

En la segunda foto Enrique Ponce acaba de hacer un “redonda” y está alejándose del toro. No hay nadie (salvo El Juli) que conozca mejor a los toros. A Ponce le gusta pelear muy de cerca. Cualquier matador que no tenga su traje de luces cubierto de sangre NO VALE LA PENA.

Aquí se ve más que la sombra de la muerte; también se ve la espada. Una foto sacada de noche desde los asientos baratos de la Plaza de Granada, con película Ecktachrome para diapositivas. Según el refrán, se mata con la muleta, no con la espada. Es verdad. Y matar bien lo es todo.

El Cid ha llegado a ser el maestro del “natural”. Es el pase más importante, ya que el torero se abre de cuerpo y de corazón al toro. Tiene que ser lento, tan lento que la muleta esté arrastrado por el suelo, casi doblándose. Así el torero demuestra “temple”—lentitud y mando. Este año en Sevilla creo que el Cid ganó las orejas gracias a 7 u 8 de los mejores “naturales” que jamás he visto.

Aquí se ve a mi amigo Javier Conde ejecutando el mismo pase. Quiero que lo aprenda usted. Me gustan las cosas en tres dimensiones, y por eso utilizo las sombras. Una plaza local, Vera, Almería. Invité a cinco de mis empleados y nos sentamos en los asientos baratos. Comimos uvas remojadas en anisete. Cuando por fin me desperté, ya había salido el último toro del día. Es una de las pocas fotos que saqué en esa corrida.

El Juli (Julián López) es el protagonista. Aprendió todos sus bonitos pases en Méjico, donde es muy apreciado por el público. Los trajo a España, y muchos toreros los han copiado aquí. Este pase fue inventado por un mejicano y se llama un “gaonera”. El Juli suele terminarlo con un frenesí de pases por encima de su cabeza, añadiendo gestos y movimientos que son una delicia para la vista de los aficionados.

 

 

 

Sebastián Castilla emociona a la gente con su tremenda osadía. Si quiere recibir un premio, lo consigue. Aquí está ejecutando un “trafaller”, haciendo que aparezca sencillo y a la vez elegante. Ha conseguido que el público se ponga de pie tanto en Sevilla como en Madrid.

 

 

Torus Ibericus. Valiente, Verdadero, Orgulloso. Siempre dispuesto a pelearse.

César Jiménez en un pase de la muerte modificado, de rodillas.

 

 

 

 

Pepín Liria demostrando un dominio total con un perfecto derechazo. Muy de cerca, muy ceñido, y con tremenda confianza.

 

 

 

 

 

 

 

A primera vista esta foto no significa gran cosa, hasta que uno se de cuenta de que el picador no lleva puesto el sombrero redondo tradicional, sino que es un torero delgado que ha saltado a montar al caballo. Se llama Pepín Jiménez y es mi torero local preferido. Es de Lorca. Durante la semana es profesor de colegio. Es la corrida más grande de su vida, en la cuarta plaza más grande de España, y su nombre aparece en el cartel junto al del legendario gitano Curro Romero, el cual ha tenido más canciones, más poesía, más artículos de periódicos dedicados a él que cualquier otro matador (abajo, izquierda, verde), y el increíble David Fandila (El Fandi, con traje azul) quien corre al revés cuando pone las banderillas. Pepín también quería ser un showman.

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