¿Se imagina usted tener que correr el riesgo de sufrir una muerte violenta y dolorosa cada miércoles y domingo durante 8 meses consecutivos sin que nadie ni siquiera hubiera oido hablar de su Club especial? Un club al cual han podido entrar muy pocos socios. Así es para los socios del Club distinguido e increíble de las 100 Corridas por Año. Para que lo acepten como socio, uno tiene que arriesgarse la vida toreando en más de 100 corridas durante una temporada (de marzo a octubre). Para poder tener esa posibilidad, se necesita un público entregado que desee verlo jugarse la vida, y que esté dispuesto a pagar una cantidad importante de dinero por hacerlo.

Un tal Enrique Ponce, Valenciano, es el socio más distinguido de este club exclusivo después de haber cumplido con sus requisitos durante 10 años consecutivos. Además, contando con sus corridas en America del Sur, Ponce ha sobrevivido la tarea de capear cada 2 días de cada año durante 10 años consecutivos.

El primer socio del Club de los 100 que yo conocí personalmente era el gran torero Luis Miguel Dominguín, amante de Ava Gardner. Dominguín era el matador más importante y conocido de los años 50 cuando apareció en el escenario taurino un joven llamado Antonio Ordoñez. Surgió una apasionada rivalidad que galvanizó y polarizó al público español en 1955. Hemingway inmortalizó esta época en los artículos acerca del "Verano Peligroso" que escribió para la revista LIFE. Papa Hemingway enviaba sus historias al otro lado del Atlántico por telégrafo. El coste de $9 por palabra le convirtió en el escritor más caro de la historia hasta entonces.

Después de la hazaña de Luis Miguel Dominguin, el Club de los 100 languidecía durante casi 20 años, hasta que apareció el Beatle de la Plaza de Toros, Manuel Benitez, "El Cordobés", quien emocionó a todos. Manolo es tan encantador como su omnipresente y alegre sonrisa. Sus hazañas arriesgados y sus escapadas peligrosas volvieron a atraer a las masas. Cuando los dueños de las siete plazas más grandes decidieron que cobraba demasiado, él iba a todas las plazas pequeñas de España y consiguió aún más popularidad. El Cordobés, él sólo, dió el empuje al ritual del toro y consiguió que una nueva generación asistiera a la fiesta brava. ¡Dios mío! Como me acuerdo de su manera de andar al entrar en la Plaza, con los pies hacia fuera, mientras pisaba con sus talones. ¡"Un número vodeviliano" de Charlie Chaplin! Sabía él que todos los ojos le seguían. Después del capeo, el picador, y las banderillas, se posicionaba en el centro de la plaza y saltaba hasta que el toro iniciara su embiste. Entonces, justo antes de acercarse el toro, pasó la muleta por detrás de su espalda y el toro, siguiendo el movimiento, cambiaba de rumbo, milagrosamente evitando cornear al magnífico torero. Era para quitar el aliento. El público se quedaba boquiabierto, aplaudiendo sin parar, todos intentando entender lo que acaban de ver. No se lo podían creer.

Había otros, como Miguel Márquez. Pero comparados con El Cordobés, resultaron vulgares y poco interesantes. Por fin, 17 años más tarde, apareció otro torero de acción, Juan Ruiz, "Espartaco". Era el número 1 (el torero más seguido) ocho veces entre 1982 - 92. Era muy valiente, pero le faltaba la originalidad que hizo que los de antes fueran inolvidables. No era mi tipo de matador. Aunque vi a Espartaco más de 100 veces, sólo me puse de pie para aplaudirle dos veces.

La estrella más grande del Club de los 100, Enrique Ponce, apareció en 1992. Lo vi por primera vez en un pequeñó pueblo cerca da Valencia donde se puede correr delante de los toros por la mañana y observar a los chicos mientras capean por la tarde. Enrique era maravilloso, y desde entonces ha seguido impresionando a las masas. Ponce devolvió la dignidad y la clase al Club de los 100.

Entonces ocurrió una calamidad en el mundo de los toros: llegó Jesulín de Ubrique, más "showman" que torero, quien consiguió la adoración de las masas. Jesulín hizo algo que hasta entonces se consideraba imposible: toreaba en 153 corridas en un sólo año. En el mismo año (1994, que por cierto es el mejor años de vino de España en los últimos 100 años) había otros toreros que torearon 100 veces: Enrique Ponce y Miguel Baez "Litri".

El año 1995 fue aún mejor, gracias al hijo de El Cordobés, Manuel Diaz, quien toreó 126 veces; Jesulín, 161 veces; el Litri, 133 veces; y Ponce, 120 veces. Era una cosa sin precedentes, el mejor año de corridas de toda la historia. ¡También fue un excelente año de vino!

El año siguiente sólo entraron cuatro matadores en el Club de los 100: Francisco Rivera Ordoñez, hijo de Paquirri (ex-marido de la hija de Antonio Ordoñez), el torero número 1 de 1972; Enrique Ponce; y El Cordobés.

En 1997 Enrique Ponce fue el único que llegó a torear 100 veces. En 1998 lo consiguieron Ponce y El Cordobés. En el año 1999 llegó la explosión del sur, y un nuevo estilo de torero, con un capeo alegre, banderillas arriesgadas y pases atrevidos muy cerca del toro. Julian López, quien a sus 16 años ya estaba emocionando a multitudes de 75,000 personas en La Mexicana, la plaza de toros más grande del mundo, volvió e España. En 1999, el primer año que toreaba en este país, apareció en 124 corridas y llegó a ser número 1. Ponce también hizo más de 100 corridas en ese año.

El Juli triunfó y de nuevo en el 2000, con 106 corridas, cuatro más que Ponce. El Juli resuscitó los bonitos pases que se habían olvidado y casi todos los toreros hoy en día copian su estilo de capeo, lo cual hace que la corrida sea mucho más interesante.

En el 2001 fue un torero Cordobés, Finito, quien llamó la atención, hizo 100 corridas, y ganó el puesto de número 1. Le animaron las hermanas del gran Manolete, quienes creían que Finito era la reencarnación de su hermano. Fui a Córdoba para ver su brillante actuación. Enrique Ponce volvió a hacer 100 corridas en 2001.

El Juli seguiá reinando en 2002. Finito de Córdoba, quien empezó a torear fuera de Córdoba, hizo 104 corridas, y ganaba popularidad fuera de su ciudad natal.

 

Vi a Cesar Jiménez por primera vez en 2004. Llegó al escenario taurino de una forma explosiva y ascendió al puesto número 1 ese mismo año. Un soplo de aire fresco. Clásico. Puro. Sigue siendo mi torero preferido de la actualidad.

 

El Fandi terminó siendo número 1 el año pasado y entró en el Club de los 100 por primera vez.
Es muy emocionante, todo un placer, verle torear. Cuando pone las banderillas, los corazones del público palpitan.

El Club de los 100 es un grupo distinguido. Sin embargo, hay grandes toreros de renombre internacional que no han pertenicido al Club, y que ni siquiera han querido hacerlo. ¿Quienes faltan? Manolete--supuestamente el más grande de todos los tiempos--; Belmonte, Domingo Ortega, Paco Camino, Antonio Ordoñez, Antonio Benvenida, Paco Ojeda, Joselito, Jose Tomas....y yo.

Sí, yo mismo. Nunca he podido hacer 100 corridas en un año, debido al FACTOR 100. ¿Qué es eso?, me puede preguntar. Bueno. ¿Se puede imaginar en qué buena forma hay que estar para aguantar beber las cantidades requiridas para asisitir a tantas corridas? Y si eso no fuera bastante, hay que considerar los 100€ necesarios para pagar la gasolina diariamente. Después, la comida y la cena son otros 100€. Y otros 100€ para el alojamiento. Y hay que pagar la entrada--no nos vamos a sentar en los asientos más altos, ¿verdad?. Otros 100€. Así que, ya ve usted. El FACTOR 100.

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